The Hall of Stars

Madrid es poeta.

El pasado lunes 9 de octubre, en la conocida sala de actuaciones ‘Galileo Galilei’, se celebró un recital de poesia protagonizado por el grupo femenino ‘Poesía es nombre de mujer’, formado por las poetas Loreto Sesma, Victoria Ash e Irene G Punto. Ya adelantaban el acontecimiento con un toque especial y de excepcionalidad, pero ni se imaginaban a qué altura llegarían aquella noche: una sala repleta de corazones con ganas de escuchar y sentir, palabras y versos que deseaban ser recitados, el silencio oscuro esperando la voz suave de la poesía, besos cómplices que sólo el amor puede llegar a entender, lágrimas, lágrimas porque lo que se respiró aquella noche no podía expresarse de otra manera.

El espectáculo apareció cuando la cantautora ‘Conchita’ decidió regalarnos uno de sus tesoros inéditos que consiguió despertar el alma a todo aquel que se creía muerto. Continuaron las manos y melodía de su pianista, Bea, que nos confirmó que sí, la música es una mujer. Junto a ella, Berta, la bailarina que supo interpretar aquello que los poetas hacen con el dolor, escribirlo, pero mediante el movimiento, la sensualidad, la expresión, la danza.
Partiendo de esto, fueron saliendo a escena, una a una, abriéndose el pecho de par en par para que los oyentes, entraran, se sentaran y pudieran contemplar. Pero hubo un momento, hubo un momento en el que el tiempo se detuvo, todos lo sentimos. Irene empezó a relatar uno de esos momentos en que la vida se vuelve un cirio, encendido, que va consumiendo poco a poco toda la cera, y te conviertes en la mancha que queda sobre el plato. Se queda frío, y se seca. Permanece imborrable del plato. No se va. No se puede ir. Creo que en ese momento el público se levantó y dió un fuerte abrazó a toda la pena que podía recoger aquel poema. A continuación, aplaudió.
Para concluir el evento, Marwan, poeta y cantautor de Aluche, sorprendió a la sala con un final dulce. Pero injusto. No queríamos final, algo así debería ser eterno.

Esta es la visión de una joven de 18 años, que lleva demasiados años leyendo y sintiendo mediante versos pero totalmente virgen en cuánto a recitales y actuaciones en directo. Aquella noche sentí la vida en un exponente mucho más alto del que jamás había experimentado, y sí, creo que debía dejarlo por escrito. Invito a cualquiera que tenga ganas de ver más allá de la palabra y se deje llevar por una voz que desconozca para regresar a esa vida que realmente debe vivir.

Gema García

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