Merlí Bergeron

Anoche, 15 de enero de 2018, Merlí puso punto y final a su recorrido. Y a mi solo se me ocurre una cosa: el búho, símbolo de la filosofía. El búho que revoloteaba cada noche, después de cada capítulo, sobre mi mente. Constante, inesperado, observador, y sobretodo, libre.

La palabra libertad ha vuelto a recobrar todo el sentido que la sociedad actual le había robado. Hemos vuelto a levitar cada lunes. Porque no eran solo los lunes, era su noche y su mañana siguiente, y la siguiente y la siguiente, des de la primera emisión del primer capítulo de la primera temporada. Porque empezó todo y fue madurando, como nosotros lo hemos hecho. Porque hemos cambiado, y ellos lo han hecho. Porque hemos crecido, y ellos nos han enseñado el camino. Y les hemos seguido.

Esta historia, tu historia, y a la vez, también mía, toda mía, toda nuestra.

Quién haya tenido la suerte de embarcarse a través de las clases, a través de la voz de Francesc Orella. Quién haya soñado y quien haya revivido el amor, y quien haya llorado la pérdida, haya sentido la soledad como una piedra negra que se posa sobre tu frente. Quién haya notado el viento de cara cuando Iván salió de la caverna. Quién se haya puesto cachondo y haya sentido por todo el cuerpo el sexo. Quién haya sentido quién haya revolucionado su cerebro, borrado todo lo que creía saber y haya empezado a reflexionar de qué coño va esto. “¡Que la vida no es eso!” nos enseñaban, y lo cambiaban todo. Y escuchabas la música. Y veías los baños de tu instituto como un laberinto que descifrar. Y las calles de Barcelona… ¿como olerán? ¿Cuantas noches subidos a tejados nos quedan hast que muramos? ¿Estará la Calduch esperándonos a las puertas del teatro? Queremos entrar. Queremos limoncello y cantar. Y saborear la muerte mientras miramos nuestros ojos rotos en el techo. Solo en casa. Sin apenas respirar.

Y el paso del tiempo. Reconociendo la vida cuando ya no la quería. No la aceptaba, la detestaba. Pero que nos vence, nos mutila y nos obliga a vivirla.

Merlí… Merlí. He llorado. Incluso, he gritado. No sólo hoy, no sólo en el final.
Has despertado a aquellos que duermen profundamente en el sueño de los ignorantes. Y queda la esperanza de que se pongan de pie y puedan caminar.
Le has dado sentido, palabras, música, paisajes, miradas, y gestos a lo que yo todavía no entendía dentro de mí durante todo este tiempo.
Después de esto y de lo que me has enseñado … queda un corazón en pedazos, por la mitad, y una sonrisa.
La sonrisa de una loca que cree. Que, incluso la vida, cree.

Autor entrada: Gema García

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