En pleno centro de Madrid se ha organizado una capilla ardiente. El único problema es que el difunto está muy vivo y si ya era difícil discutir con él cara a cara, imagínense hacerlo desde el más allá. Así comienza En ocasiones veo a Umberto, de miércoles a domingo en el Teatro Muñoz Seca.

Amparo (Mara Guil), desolada por la muerte repentina de su marido, recibe la visita de su amiga Pili (Virginia Muñoz), que viaja hasta la capital para acompañarla en estos duros momentos. Intentando descubrir el motivo del inesperado fallecimiento, Pili empieza a sospechar que Umberto (Marcelo Casas) es el único acertante de una quiniela millonaria, por lo que empieza a coquetear con la fatídica idea de contratar los servicios de Mateo (Álvaro Carrero/ José Carrillo), un timador que se hace pasar por médium para intentar conseguir algo de dinero. El objetivo de Pili es que Amparo, reacia a los planes de su amiga, pueda despedirse de su marido y ella pueda encontrar la quiniela, pero no todo ocurre como esperaban.

Esta comedia escrita y dirigida por Álvaro Carrero es la opción perfecta para poner punto y final a una tarde de la mejor forma posible. Una obra plagada de gags y frases con doble sentido donde un tema a priori tan serio como la muerte acaba haciendo llorar de risa al espectador. Álvaro, actor, director, guionista y monologuista aprovecha al máximo cada pequeño detalle para provocar el humor, algo que se agradece en los tiempos que corren.

Uno de los puntos fuertes de la representación, en mi opinión, es la complicidad que tienen Mara Guil y Virginia Muñoz sobre el escenario. Mara -aparece en El Intercambio de Ignacio Nacho y en series como Arrayán o Centro Médico, entre otras- interpreta a Amparo, una viuda marcada por el dolor de haber perdido a su marido, en principio reticente a llevar a cabo la inusual y alocada idea de hablar con el más allá. Un personaje atípico en la comedia debido a su estado de ánimo que ella consigue representar con humor.

 

 

Virginia -ha participado en películas como 321 días en Michigan de Enrique García, series como S.O.S Estudiantes y más de una quincena de obras de teatro- encarna a Pili, una mujer extrovertida que no ha tenido suerte en el amor y el dinero, por lo que acaba enajenándose con la quiniela millonaria que supuestamente se encuentra en esa casa, lo que pondrá en peligro su amistad con Amparo.

Siguiendo por orden de aparición encontramos a Mateo, un hombre audaz con un falso acento inglés que intenta sacarse algo de dinero timando a la gente con sus servicios de tarotista y vidente a domicilio. Este personaje, encarnado por el propio Álvaro Carrero o José Carrillo, está cargado de una vis cómica y expresividad corporal y facial que ambos actores han sabido moldear a su antojo para convertirlo en uno de los atractivos de la función.

Por último, pero no menos importante nos encontramos a Umberto (Marcelo Casas), un difunto más vivo que muerto que consigue el pleno al quince para provocar las carcajadas de todos los asistentes.

La escenografía es otra de las claves para hacer que el público se sienta como en casa, se trata de un amplio salón a doble altura con todo lujo de detalles que hace las veces de velatorio, sala de estar y zona de esoterismo.

En definitiva, nunca un velatorio fue tan divertido. ¿Se atreven a morir… de risa?

Comments
  • Aroa
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    Una crítica muy buena y una gran invitación para ir a verla. Da gusto como se puede contar una obra de teatro sin destriparla en unas cuantas palabras. Deseando más críticas de otras obras que estén en cartelera.
    Gracias

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