Rosalía no es una de esas artistas que surgen de la noche a la mañana, por un golpe de suerte, sino una de las que tras una vida de dedicación a la música, acaban consiguiendo un hueco en la escena. Desde versiones hasta colaboraciones con artistas como C. Tangana preceden su último trabajo de estudio, El mal querer. Y es que no ha podido presentarlo con más éxito: llenando la Plaza de Colón y mostrándose en los premios MTV en Bilbao.

Justo en uno de los momentos en los que el flamenco parecía más dormido, más apagado, más desaparecido, la Barcelonesa ha conseguido revivirlo, con una nueva estética y formas más urbanas y refrescantes. Además, ha dado lugar de nuevo al debate sobre qué es y qué no es flamenco, con duras críticas por parte de los más puristas, y sobre qué es o no y en qué punto está o no bien la apropiación cultural que algunos la atribuyen, pero aquí nos centraremos en la música.

Los dos primeros adelantos del álbum fueron Malamente y Pienso en tu mirá, justo las más pegadizas del trabajo. Malamente por su sencillez y Pienso en tu mirá por su logrado estribillo. De esta segunda cabe destacar los complejos compases al más puro flamenco en el verso. Ambas fueron recibidas de manera excelsa tanto por sus fans como por muchos nuevos oyentes atraídos por su sonido urbano y por el gran trabajo de CANADÁ en los videoclips.

En el disco hay desde canciones más pop y sencillas, hasta temas muy logrados de flamenco más purista y trabajado. Entre las primeras destacan la antes mencionada Malamente; el tercer single, Di mi nombreen el que la artista utiliza una clara sobre producción vocal para sumergirse en la escena más urbana, pero que resta seriedad a su trabajo, y Bagdad, tema con un ritmo sencillo de pop y unos coros sumamente bien trabajados, que la convierten en uno de los mejores temas del álbum.

De la parte más purista podemos destacar Que no salga la luna, puro flamenco y guitarreo y coros rumberos, y Reniego, tema en el que una pequeña orquestación acompaña a la voz suavemente, con unas armonías y un brillo maravillosos. Probablemente, la canción más destacada del álbum.

Pero Rosalía ya venía avisando de que estaba aquí para cambiar el flamenco, y El mal querer es el ejemplo perfecto de experimentación. Cabe mencionar el sampleo de la voz en De aquí no sales, y el sintetizador ochentero que sustituye a las guitarras españolas en Maldición. No olvidar las dos canciones a capella. En A ningún hombre, ayudada por la tecnología y con una producción soberbia de la voz, logra unos armónicos muy conseguidos. Nana se basa en el mismo concepto, pero llevado de una forma mucho más ambiental y dotada de una gran profundidad. Recuerda a Triana, y poco malo se puede decir de ello.

Como vemos, es un disco cargado de matices y de distintos sonidos, que como mínimo, impide aburrirse. Con sus más y sus menos, El mal querer es un álbum que tanto los fans del flamenco, como los seguidores de la música urbana, pueden disfrutar, y que no deja indiferente a nadie. Rosalía ha conseguido algo muy complicado: atraer nuevo público al flamenco. Más de lo que los puristas más críticos con la artista serán capaces de conseguir. Un gran disco cuyo mayor logro ha sido algo que no ocurría desde hace años: abrir el flamenco a la juventud, y hacerles parte de él. Enhorabuena, Rosalía. 4,5/5 

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