Crítica: La balada de Buster Scruggs

Recientemente los venerados y brillantes Hermanos Coen nos han obsequiado con el estreno de su nueva película, y lo han hecho nada más y nada menos que en Netflix. De hecho, Joel y Ethan Coen repiten desde hace años en este tipo de formato, desde que sacaron la serie “Fargo” en HBO, la cual va ya por la tercera temporada, aunque presenta historias diferentes en cada una de ellas, eso sí, todas bajo un entorno y argumento similar al de la película que lleva su nombre. En esta ocasión han vuelto al largometraje, y lo han hecho con un western bastante peculiar.

Los Coen han explicado el por qué de utilizar Netflix y no el cine. La conclusión es sencilla: el espectador se concentra hoy en día en esta nueva televisión inteligente, y no en las salas de cine; es en este tipo de ocio cinéfilo en el que dejan dinero, además de que es el modo en el que los contenidos llegan a mucha más gente.

“La balada de Buster Scruggs” ya se ha ganado a la crítica, y hasta ha sido premiada en el festival de Venecia. Sin embargo, la abierta exposición al públcio la hace especialmente vulnerable a las críticas no tan buenas. Es el caso (al menos relativamente), que ocupa este artículo. El western nos presenta diferentes historias breves, todas bajo similares circunstancias, y con la muerte de los personajes habitualmente como final. El comienzo es una presentación de la propia antología, con tintes de musical cómico y absurdo, personajes que se dirigen al propio espectador, y, en definitiva, todo lo que nos recuerda a los Coen en estado puro.

Aunque alguna historia tiene el poder de helarte la sangre, y encontramos conversaciones brillantes que suceden recordando en gran medida a partes de “Los odiosos 8”, de Quentin Tarantino, y aunque los giros argumentales a veces son tan extremos que incluso saltan de un personaje principal a otro que parecía no tener importancia alguna, calificaría de floja la película en general. Sin duda, la originalidad es superior, pero no hay calidad suficiente como para ponerla a la altura de la mayoría de títulos de los Coen.

A pesar de ello, su accesibilidad, el hecho de tener tan a mano, desde tu propio sofá, obras de los hermanos Coen, es siempre un privilegio digno de ser agradecido. Aún debemos sentir satisfacción por la primera temporada de “Fargo”, de una genialidad indiscutible, por mucho tiempo que haya pasado.

Autor entrada: Silvia Dorado

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