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Antonio García, vocalista de Arde Bogotá: «Las bandas emergentes son las bandas principales de un futuro» | ENTREVISTA

Hablamos con Antonio García, vocalista de Arde Bogotá, con motivo del lanzamiento de su nuevo single («Big Bang»)

Antiaéreo fue su carta de presentación, pero podríamos decir que fue el Big Up! Murcia el punto de inflexión en su trayectoria. «A Arde Bogotá van a rifárselos», tuiteó el reconocido crítico musical Fernando Neira tras verlos en directo. Así ha sido. El sello murciano SonBuenos se fijó en ellos y también lo hizo Sony. Quizás haya sido por sus letras directas («Entra mejor por detrás» canta Antonio en Antiaéreo) o porque tienen claro a dónde quieren llegar. Hablan el idioma de los jóvenes, conocen la importancia de cuidar su estética a todos los niveles y acaban de lanzar su nuevo sencillo, Big Bang, una explosión en todos los sentidos. Todo esto es Arde Bogotá, así que quédate con su nombre porque van a dar de lo que hablar.

Arde Bogotá es una banda con unas letras, en gran medida, reales y cercanas a nuestra generación, marcada por cierta precariedad, futuros inciertos y formas de relacionarse muy raras

Big Bang es una canción que habla de superación, pero también de nuevos comienzos. ¿Qué puede aportar Arde Bogotá a la escena rock española como banda emergente?

Buena pregunta. Al final aportaremos lo que la gente aprecie de nosotros, pero yo creo que lo que buscamos es una banda que se acerque al rock sin tapujos desde el tiempo en el que vivimos y teniendo en cuenta todo lo que se ha experimentado ya en la música. También creo que es una banda con unas letras, en gran medida, reales y cercanas a nuestra generación, marcada por cierta precariedad, futuros inciertos y formas de relacionarse muy raras. Queremos disfrutar encima del escenario, que la gente disfrute debajo del escenario y poder gritar aquellas cosas que necesitábamos gritar.

¿Teméis a las comparaciones?

Yo creo que las comparaciones son normales y, a veces, hasta necesarias para que la gente identifique algo que no conoce. No nos preocupan; al final, nosotros tenemos una idea de la música que queremos hacer y una intención de desarrollarla siguiendo este camino. Pasará que nos comparen porque, evidentemente, hay bandas que nos inspiran y de las que aprendemos sobre música, y eso, al final, se refleja. La gente dice que las comparaciones son odiosas, pero a nosotros no nos importan.

En una entrevista a El Backstage Mag dijisteis: «Ha pasado mucho tiempo entre el primer y el segundo single pero fue porque para grabar un videoclip tardamos mucho en elegir la ropa y se nos fue de las manos». ¿Hasta qué punto es importante la estética en un grupo?

Me parece fundamental. Hace mucho tiempo que la música no es solo música. La gente consume música en Instagram, en YouTube… incluso en Spotify hay una carga visual grandísima. Entonces, es muy importante cómo vistes tu música. Por tanto, hay que tomar decisiones, aunque haya gente a la que les guste más y gente a la que menos. Vestir tu música y convertirla en algo visual es algo muy difícil, aunque no es el único motivo por el que hemos tardado en sacar Big Bang [Risas].

El vídeo de Big Bang, además, tiene una estética elegante muy marcada. ¿Cómo tenéis pensado trasladar esa estética a los conciertos?

La estética de la elegancia es algo que intentamos (a veces sale bien, otras no) que esté presente tanto en lo visual como en lo sonoro. Hay una intención de conseguir un sonido elegante, que esté en su sitio, que suene a lo que tiene que sonar… que no se vaya de madre. Yo creo que eso es lo que significa «elegancia». En el videoclip yo llevo una americana; es imposible que yo toque con una americana porque yo acabaría empapado de sudor y la americana acabaría tan rota que sería inviable comprar una americana para cada concierto.

En el videoclip, los bailarines, él va de negro y ella, de blanco. A mí me da la sensación de que, en algún momento, llegan a conformar un ying yang.

Va muy por ahí. Fue una idea de la gente de GatoBala [productora del videoclip]. Al ver el espacio y la esencia de la canción, ese enfrentamiento entre el que explota y el que pensaba que no iba a explotar, dijeron: «Oye, ¿y el suelo no os recuerda a una especie de partida de ajedrez, a un enfrentamiento entre lo blanco y lo negro, la oscuridad y la luz, el ying y el yang…?».

En la nota de prensa de Big Bang, me llamó la atención una frase: La portada de Carmen Iñiguez, reafirma que «este primer single es una canción de amor y un ataque de Pokémon Geodude».

Ahí hay un pequeño lío, el ataque de Geodude es Antiaéreo. Pero te compro que Big Bang puede ser un ataque de Geodude [Risas]. Pokemon, por ejemplo, y otras referencias de nuestra generación con las que hemos nacido y crecido creo que tienen que estar cuando uno cuenta movidas de su vida. Tienes que hablar también de que a lo mejor es más fácil expresar algo refiriéndote a Geodude que a ti mismo.

Supongo que otros de los motivos por los que habéis tardado en lanzar este segundo single es porque habéis estado experimentando con nuevos sonidos. Big Bang, por ejemplo, no es tan oscuro como Antiaéreo. ¿En qué línea queréis seguir trabajando?

Ambos trabajos pertenecen a una misma línea que se va a ir completando conforme pase el tiempo, y si todo sale bien. Discurre ahí, entre el tono más oscuro de Antiaéreo y el tono más luminoso, más vitalista de Big Bang. Pero, al final, tienen muchos puntos en común, tanto en lo musical como en lo temático. Ambas contienen mensajes muy directos hacia alguien, son como un grito en el que descargas algo que no podías decir y revientas al hacerlo. Reventar a decirlo a gritos tiene una implicación en la melodía vocal, en el ritmo, en la distorsión de la guitarra, en la ecualización de la batería… Es una línea homogénea que se mantiene en Antiaéreo, en Big Bang y espero que siga siendo así en las próximas canciones.

En ambos singles habéis trabajado con Lalo Gómez Vizcaíno como productor. Seguirá siendo así en próximas canciones, ¿verdad?

Para nosotros Lalo es fundamental en el proyecto y en el proceso creativo. Tenemos un proceso de composición coral y común y necesitamos que alguien lo vea desde fuera y diga «esto sobra», «esto falta» o «aquí metería esto». Eso es lo que nos aporta Lalo, la capacidad de verlo desde fuera y decir: «Para llegar donde realmente estáis queriendo ir, os falta esto».

Participasteis en el #YoMeQuedoEnCasa Festival. ¿Qué crees que ha aportado todo este movimiento que se ha generado por parte de los artistas?

A mí lo más destacable me parece que es que, en momento de necesidad, cada uno ofrece lo que puede. Me gustó mucho la iniciativa de los artistas, que lo que tienen es su música, y decidieron ofrecerla y compartirla con la gente que quiera verla. El entretenimiento siempre ha hecho mucha falta, pero hará mucha falta en estos días en los que estemos en casa. No sé si a raíz de esto, pero ha sido una iniciativa compartida por mucha gente: el Cuarentena Fest, iniciativas de actores y editoriales, etc. Son tiempos raros, son tiempos difíciles… y cada uno tiene que aportar lo que pueda: hay gente que sigue trabajando y hay otra gente que no puede hacerlo porque su trabajo es con público.

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¿Crees que, a partir de esta cuarentena y de todo esto que estamos viviendo, se empezará a valorar más la cultura?

Ojalá que sí, ¿no? Creo que es un momento para la reflexión y para darnos cuenta de la cantidad de cosas que hay que mejorar o que están bien y necesitan nuestra ayuda en el futuro. También es una reclamación de los sanitarios, que piden que en el futuro nos acordemos de esto cuando se recorte. Salvando las distancias, habrá que en el futuro valorar de forma similar las cosas que ahora estamos apreciando mucho más, como es el trabajo de la gente de hostelería, etc. y, en cierta medida, el de los artistas.

Los festivales que no apuesten por bandas emergentes van a quedarse atrás tarde o temprano. Las bandas emergentes son las bandas principales del futuro

¿Y cómo crees que influyen en los festivales la inclusión de bandas emergentes?

A mí me parece que la función de los festivales es primordial. Cuando compras la entrada para un festival lo haces porque va un artista que te gusta, pero, cuando van llegando los días, te pones a todos los artistas que van para poder hacerte un horario. Es un proceso que creo que hace casi todo el mundo. La labor de los festivales es esencial en tanto que ayudan a los artistas a darse a conocer a públicos diferentes, pero también es importante la función del Sonorama o del Cooltural, que son festivales que promocionan y que te ponen en un escaparate. Para mí esto es primordial, ya no solo para nosotros, sino también para los festivales: los festivales que no apuesten por bandas emergentes van a quedarse atrás tarde o temprano. Las bandas emergentes son las bandas principales del futuro.

¿Tú has conocido a algún artista a raíz de un festival?

En el Warm Up conocí a las Cariño, y en el #YoMeQuedoEnCasa conocí a Yarea, una chica que hace una música super guay y tiene una voz espectacular.

Supongo que estaréis hartos de responder a por qué «Arde Bogotá», pero a mí me parece hasta un misterio. En una de las entrevistas respondisteis que era por vuestras tendencias pirómanas. En otra, dijisteis que tomasteis el «arde» de la serie Medabots. ¿En qué quedamos?

[Risas] En que ponerle el nombre a una banda es una cosa dificilísima. Es casi como ponerle el nombre a un hijo. Aún no me he enfrentado a eso, pero, al final, yo me llamo igual que mi padre. Ahora, en serio, ponerle el nombre a una banda es difícil y tiene una implicación, a veces, inexistente y, a veces, muy plural. Por lo tanto, escojo la opción b: todas las respuestas son correctas.

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